Enfrentar el obstáculo para crecer

Les explico una pequeña vivencia. Para los seres mundanos como yo la figura del jefe es como un estado inamovible en la vida diaria.

Un  buen día comenzó una situación incómoda entres ambos. No había buena comunicación, no era agradable, había tensión. Noté que algo de mí le molestada y, obvio, él me molestaba. Entonces, todo fue creciendo, es como cuando intentas colocar en orden algún archivo y descubres documentos por doquier, era un sinfín de despropósitos. No existía el orden, no existía el respeto, no existía la consideración. Mutuamente nos molestamos, ignoramos e incomodamos.

Nada mejoraba la situación porque nadie quería ceder. El orgullo, ese nocivo acompañante que susurra para envenenar.

Hasta que una buena mañana me percaté nerviosa. Se me aceleraba el corazón, sudaba frío, me dolía la barriga, sólo de pensar en llegar a la oficina me mareaba ¡No quiero ir a trabajar! ¡Tener que verle!  ¿por qué tengo que ir? Me sentí fatal. Jamás me había sentido tan deprimida.

Fui directamente al médico y se lo expliqué, no se me olvidará nunca la propuesta práctica de la medicina moderna:

— ¡No te preocupes aquí lo dejamos todo bien explicado! Si continúas así vienes y te damos reposo y hasta podemos recetarte alguna pastilla para la ansiedad.

— ¿Pastillas? ¡yo, pastillas! , me horroricé.

—  Es más habitual de lo que crees ¡No pasa nada!

Nunca he confiado en las pastillas para la depresión o el control de ninguna emoción. Marché convencida que algo tenía qué hacer, y lo hice.

Causalmente, era un jueves,  el mismo día de mis meditaciones en el centro budista Nagarjuna de Barcelona.

Y en aquella meditación la monja que imparte las enseñanzas dijo algo que me llegó directo al corazón, una frase sencilla y potente:

¡Sin enfado no hay enemigo! Un mensaje directo para mí, no tengo duda.

Reflexioné  todo el camino de regreso a a casa, caminé una media hora. No paré de pensar una y otra vez.  Y se encendió la luz en mi interior ¡bingo! Fui al supermercado y compré todos los ingredientes para hacerle a mi jefe un pan de jamón, sí un pan de jamón. Para quien no lo conozca este es el Pan de Jamón.

Llegué a casa y se lo comenté a mi marido, le pareció una idea excelente. Entre los dos lo hicimos.

Primero la masa, prudentemente esperamos a que creciera, armamos el pan y lo horneamos pacientemente.

Al enfriar lo envolví con un papel blanco similar al que usan en las panaderías, y busqué un papel rústico de los que pintan mis hijos, uno precioso lleno de colores, siempre guardo los dibujos que me gustan para ocasiones así, y lo envolví.  Con un cordón hice como un soporte y quedó hermoso.  Juzguen ustedes..

IMG-20150619-WA0001

Al día siguiente, me fui con mi pancito. Ese día la oficina era una locura por la visita de los máximos jefes de Madrid. No había paz, entonces coloqué el pancito en mi mesa y cuando pasó mi jefe me dijo:

–¿Qué, me has traído un regalo? Con un tonito de burla.

— Sí, es para ti

Al principio pensó que era una broma de mal gusto, ante mi insistencia me miró con sorpresa. Continuó su camino y no me dijo nada más, dejé el pan en su mesa.

Una hora después me llamó y me dijo que se lo explicara, aquí adorné un poco mi relato y le expliqué que meditaba:

— ¿Meditación de qué?

— Los jueves hago meditaciones budistas y al finalizar tú fuiste la primera persona que me vino a la mente, entonces decidí hacerte un presente.

Su cara era un poema, no sabía qué decirme y la verdad yo tampoco tenía más que agregar.

Aquellos ojos verdes cambiaron automáticamente de expresión. Fue como si  se hubiera retirado un velo y por fin me hubiera conocido y yo a él. Nos encontramos en el mismo sufrimiento,  en las misas ansiedades, porque al final de cuentas todos pasamos por momentos difíciles y todos estamos hechos de lo mismo, somos iguales, aunque nos empeñemos en ver sólo etiquetas.

Nos dimos un fuerte abrazo, real y sentido. Desde ese momento más nunca hubo peleas sólo respeto y cercanía.

Me sentí tan liberada y feliz, fue como retirar una gran mochila de mi espalda  o una espada afilada de mi estómago, me había acercado un poco más a eso que llamamos paz. Me percaté que gracias a la meditación mi mente se había hecho más fuerte y decidida.

Me sentí valiente, no lo voy a negar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s